UN PLATÓ LLAMADO CONGRESO: DEBATE SOBRE EL ESTADO DE LA NACIÓN

Ayer se celebró la primera y más importante jornada del Debate sobre el Estado de la Nación. El número 25 de la democracia y uno de los debates más esperados y a la par convulsos de nuestra historia reciente.

La jornada comenzó con una primera intervención de Mariano Rajoy de una hora y media de duración en la que se pasó de triunfalista. Bien es cierto que los datos macroeconómicos son francamente buenos, como así indica la prima de riesgo, la cifra de exportaciones o el crecimiento del PIB pero el hecho de que esa evidente recuperación no haya llegado a las familias, o al menos no haya tenido un efecto notorio, hace que ese discurso triunfalista haya sido visto como una exageración de la realidad. Uno de los titulares de esta primera intervención fue el anuncio del presidente del Gobierno de una serie de medidas que serán puestas en marcha en las próximas semanas, como la ley de segunda oportunidad para que las familias puedan reestructurar su deuda. A la corrupción le dedicó apenas 120 segundos.

Desde luego el ascenso de Podemos ha actuado en el discurso de Rajoy como un potente baño de realidad, contraponiendo medidas económicas y datos frente al discurso rajoypopulista y simplista de la formación de Pablo Iglesias, lo que lleva a pensar una vez más que la existencia de Podemos es una catapulta para el Partido Popular debido al perfil totalmente opuesto de sus votantes , por mucho que Iglesias se empeñe en vender la transversalidad de su formación.

Después de 90 minutos y aplausos de la bancada popular llegó el esperado momento del estreno de Pedro Sánchez. Después de unos inestables primeros minutos en los que titubeaba sin prácticamente levantar la vista de los folios, el líder de la oposición fue soltándose poco a poco, reprochando al Presidente su exagerado optimismo y acusándole de pintar un país que “solo existe en su cabeza.” Le recordó el rescate financiero de 2012, sus sms a Bárcenas y el aumento de la desigualdad y la pobreza infantil. Una digna primera intervención que Rajoy no dudó de tachar de “patética” en su réplica, dónde ,por supuesto, comenzó el “y tú más” con el recordatorio de la corrupción en Andalucía y la manida herencia recibida. Un “Y tú más” que continuó en la contrarréplica de Sánchez. Nada nuevo que no se haya pedrovisto antes en el congreso.

La intervención de Durán i Lleida fue de lejos la más moderada , a pesar de ser el portavoz de uno de los partidos que más enfrentamientos ha tenido con el PP los últimos meses.

Después del portavoz de CiU llegó el turno de otro estreno, el de Alberto Garzón como líder de Izquierda Unida. El nivel de populismo fue subiendo por momentos y Garzón demostró no estar a la altura del liderazgo de una formación política , realizando un discurso más propio de La Sexta Noche que de un diputado de las Cortes. Una intervención marcada por los reproches sin ninguna propuesta , algo típico en la formación de izquierdas, actuando de portavoz de Podemos.

Una de las anécdotas fue la llamada de atención de la Presidenta del Congreso Celia Villalobos al diputado de Izquierda Plural Joan Coscubiela al llamar Capo a Mariano Rajoy. Una salida de tono propia de este diputado que no es la primera vez al que llaman al orden por creer que está en la barra de un bar más que en la sede de la Soberanía Nacional.

La intervención de Rosa Díez no podría calificarse de otra forma que no fuera de lamentable, dedicándose a leer comentarios de la página de Facebook de UPyD. Rosa Díez jamás ha tenido intención de gobernar y la fundación de su partido responde simplemente al hecho de seguir en el panorama político cobrando del erario público sin tener ninguna ambición ni responsabilidad , y se ha notado.

En definitiva, un debate que podría haber sido conducido perfectamente por Jorge Javier Vázquez en el que no faltaron gritos, abucheos, banderas como si de un plató de Telecinco se tratara.

Esta jornada podría resumirse en que todos y ninguno tiene razón. Todos dieron su visión del estado de la Nación, ninguno equivocada, pero tampoco objetiva. Ni España está en la debacle de postguerra que nos quiere pintar la izquierda, ni tampoco en el mundo multicolor que nos dibuja el Gobierno. Nos encontramos en un país que está saliendo a flote poco a poco de una situación catastrófica y un Gobierno que ha elegido el camino largo y agónico para llegar a esa situación. Pero es absurdo afirmar que España se encuentra peor que hace unos años.

Es de una lógica aplastante que un debate sobre el estado de la nación en pleno año electoral haya transcurrido de una manera tan agitada, ya que en estos meses los partidos sacan las uñas y dientes para alcanzar el poder debido a que nos enfrentamos a las elecciones más inciertas de la historia en las que cualquier partido puede ganar y los pactos van a ser primordiales para gobernar.

Saludos.

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