HERMANOS MAYORES

Hubo un tiempo en el que en España solo existían tres partidos nacionales, al menos que tuvieran voto útil, PP, PSOE e IU.

Corría el año 2007 cuando apareció una nueva fuerza política en el tablero. UPyD nació por la huida egocentrista de la socialista Rosa Díez, que no soportó no ser el foco de atención después del batacazo de aquel Congreso en el que salió elegido José Luis Rodríguez Zapatero. Rosa Díez nunca se recuperó de aquello y decidió abandonar el partido, según ella, porque se habían abandonado las ideas tradicionales.

Lo cierto es que UPyD se presentó a las Elecciones Generales de 2008 y consiguió un escaño – Rosa, por supuesto- e hicieron suya la famosa y ya manida expresión de la “regeneración democrática”. Desde entonces la señora Díez no se ha movido de su poltrona. Primarias en las que solo se presentaba ella hacían que durante los 8 años de vida de la formación no haya habido un relevo en el liderazgo. Eso sí, no dudó en fichar a ilustres intelectuales como Toni Cantó -la máxima expresión del actor fracasado que no le queda más remedio que meterse en política- el cual ha defendido fervientemente en el Congreso la “fiesta” de los toros o afirmado que la mayoría de denuncias por violencia de género son falsas. Ese es el nivel.

Pero la verdad es que cuando se funda un partido sin aspiraciones de mayorías y con las únicas pretensiones de ser – si acaso- un partido bisagra, corres el riesgo de anquilosarte en el sistema, de estar ahí únicamente por cobrar y no para cambiar las cosas. Sabes que tienes a tu electorado fijo, no aspiras a ganar pero tampoco a desaparecer. Simplemente estás.

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Rosa Díez y Albert Rivera durante uno de los frustrados intentos de fusión.

Pero había otra fuerza política, regional en esta ocasión. Un movimiento que más tarde se transformaría en partido. El azote de los independentistas en Cataluña. Por supuesto estoy hablando de Ciudadanos. Fundado en 2006, el partido de Albert Rivera decidió salir a las Elecciones Generales el mismo año que UPyD. El desastroso resultado – un 0,18%- hizo que volvieran al ámbito regional y no presentarse a los comicios de 2011.

La enormes similitudes entre el ideario del partido de Rivera y Rosa Díez propició un acercamiento para intentar una posible fusión de ambas formaciones. Tras varias reuniones, esta unión finalmente no se materializó. Upyd era el hermano mayor de Ciudadanos. No los necesitaban para proseguir. Ellos eran la fuerza nacional con representación en el congreso y el partido de Rivera solo era ese hermano pequeño que se dio el batacazo años atrás.

Pero todo comenzó a cambiar a finales de 2014 y principios de 2015. Tras los frustrados intentos de unión por parte de Albert Rivera, Ciudadanos decidió emprender el camino en solitario y con todas sus fuerzas, razón por la cual comenzó a subir como la espuma en las encuestas, auspiciado por el voto de desencanto del PP y el voto indignado anti-podemos. Ciudadanos se erigió como el “cambio sensato” y, tras el trasvase de militantes e incluso de miembros de Upyd, la formación naranja despegó de una manera espectacular hasta situarse actualmente como cuarta fuerza política y, según algunas encuestas, a solo 4 puntos de ganar las elecciones.

UPyD estaba viendo con la mandíbula desencajada cómo su hermano pequeño, aquel con el que rehusaron confluir porque consideraban inferior, había fagocitado y reducido al partido de Díez a su mínima expresión. La reacción de la ex socialista era de esperar. Una persona con el ego en el piso cincuenta no estaba dispuesta a que nadie la pisoteara y emprendió una campaña de desprestigio hacia su, ahora, ya no tan hermano pequeño. Rosa Díez ha acumulado más apariciones en los medios de comunicación en las últimas semanas que en los 8 años de vida de su partido, únicamente para criticar a esa formación que le ha robado los votos a la cual acusan con argumentos infantiles como “nos han copiado el programa electoral”. La versión que cuenta ella, es que la confluencia no se produjo por motivos de transparencia. Que Ciudadanos no había querido enseñarles sus cuentas. Pero la verdad que todos sabemos es que esa unión implicaba participar en un proceso de primarias con más gente – ella estaba acostumbrada a ser la única candidata en sus primarias- y entre ellos Albert Rivera, por lo que se ponía en peligro su liderazgo perpetuo y pasar a un segundo plano. Algo que, en una persona autoritaria como Rosa Díez, era impensable.

De modo que nos encontramos con el primer caso del partido, en principio inferior, que crece y se come a su hermano gemelo. Ahora pasemos al segundo caso aunque cronológicamente es el primero. Y es el de Podemos e Izquierda Unida.

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Pablo Iglesias – Podemos- y Alberto Garzón -Izquierda Unida-

Cuando comienza la crisis del bipartidismo y sobre todo a raíz del 15M y las Elecciones Generales de 2011, el descrédito de la izquierda con el PSOE comienza a materializarse en la subida espectacular de Izquierda Unida. Esta formación fue el refugio del votante de izquierdas desencantado. El ascenso del partido era imparable llegando a alcanzar intenciones de voto solo comparables a cuando Julio Anguita lideraba la formación. Pero IU no dejaba de ser un partido bisagra, ese partido que ayudaba al PSOE, otro más enquistado en el sistema y que se había aprovechado del bipartidismo imperfecto que vivimos. Un partido que había bebido del mismo agua que los dos grandes y participado en las mismas oscuras estratagemas, como los nombramientos de consejeros, jueces etc. Pero en las Elecciones Europeas de 2014 apareció Podemos. Ellos sí nacieron para ganar y no para enquistarse, aunque hayan aprendido pronto lo peor de lo que llama “la casta”. Y eso la gente lo ve. Si hay que elegir entre votar a un partido con simples aspiraciones de bisagra y uno que sale al ruedo para vencer, no hay lugar a dudas. Podemos se comió de un bocado a Izquierda Unida. En cuestión de meses dejó a la formación de Cayo Lara – actualmente liderada por Alberto Garzón- agonizando y al borde de la extinción. Una muerte anunciada auspiciada, entre otros, por varios topos cuya misión era destruir el partido desde dentro. Estoy hablando, por supuesto, de Tania Sánchez, la novia de Pablo Iglesias y el caballo de Troya de Podemos, encargada de reventarlo. Solo es cuestión de tiempo que Izquierda Unida eche el cierre y los pocos que queden se integren en el partido de Pablo Iglesias. Como también es cuestión de tiempo que Podemos se desinfle y vuelva a los niveles que ha tenido siempre IU. Quizás no en esta legislatura, en la cual, conseguirán una importante representación en el Congreso. Pero conforme la crisis vaya pasando, el partido morado tendrá dos posibles destinos: o volver a los niveles en los que siempre ha estado su hermano gemelo al que acabará engullendo o el más improbable caso – aunque no imposible-   de que sustituya al PSOE como principal partido de la oposición.

Que Ciudadanos y Podemos han llegado para quedarse es un hecho. Aunque de momento todo son hipótesis y el recorrido de cada uno se verá en las sucesivas citas electorales antes de las Elecciones Generales, donde los pactos marcarán las tendencias de cada uno y guiarán al votante.

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