Más Estado, menos libertad, más corrupción

La corrupción, sin duda, ha sido lo que ha marcado la política en estos cuatro años de legislatura, aunque realmente lleva existiendo desde que el hombre es hombre y, por supuesto, también cuando  gobernaba el PSOE. Una gran parte de la ciudadanía tiende a creer que la corrupción es una cuestión de ideologías y de partidos, cuando es algo inherente al ser humano, sea cual sea su condición. Tener el carnet de un partido u otro no le hace a uno más tendente a ser corrupto. Los mecanismos de control que se usen dentro de la formación para evitarla, sí. Es obvio que ni el PP ni el PSOE han sabido controlar las golferías que hacían dentro de su seno algunos de sus miembros pero, teniendo en cuenta que son partidos, uno con 146 años de historia, el otro con 40, uno con 300.000 militantes y el otro con casi un millón, cabe pensar que no todo el mundo va a ser lo que se espera de ellos.

 

En Podemos y en Ciudadanos no hay corruptos

Es la carta de presentación de los partidos emergentes. Son la renovación, en sus partidos no hay corruptos. Resulta bastante cómico pensar lo contrario. Que un partido como Podemos, con 2 años de vida, o Ciudadanos, que lleva en el ámbito nacional apenas 13 meses, tuvieran el nivel de corrupción de partidos con décadas de historia como el PP y el PSOE, resulta cuando menos, irrisorio. Es obvio que partidos tan jóvenes no tienen apenas corrupción en su seno, al igual que el PP en sus inicios tampoco la tenía, ni el PSOE al comienzo de la democracia. La corrupción aparece cuando tocas moqueta, es decir, cuando tienes acceso a las instituciones y al dinero público de los ciudadanos. Aún así, ni tan siquiera habiendo conseguido un sillón, ya les han estallado algunos escándalos que la prensa ha minimizado de forma descarada, sobre todo los del partido morado.



 

estado

El Estado

PP y PSOE han estado gobernando España durante casi 40 años. Miles de concejales, miles de alcaldes, centenares de consejeros, decenas de ministros de dos únicos partidos. Lo anormal hubiera sido que nadie hubiera robado en todo ese tiempo, teniendo en cuenta la ingente cantidad de personas que han pasado por los consistorios, ministerios o diputaciones. Cuantos más cargos, cuanto más poder, mejor caldo de cultivo para que aparezcan los ladrones. Pero el problema no es solo ese. La causa mayor de la corrupción es y siempre será el intervencionismo, es decir, aquello que clama la izquierda y que una derecha supuestamente liberal (risas) se niega a desterrar. El cáncer de lo público es terreno allanado para que los mangantes aparezcan hasta de debajo de las piedras. Cuanto más dinero público haya en manos de políticos, más posibilidades habrá de que lo roben, no por ser políticos, sino por ser personas. Pongamos un ejemplo: Hacemos un estudio sobre la honradez y colocamos una cámara en una papelera. Nuestro figurante interpretará a un señor que va tranquilamente caminando por la calle y al que se le cae, accidentalmente y sin darse cuenta, un billete de 100 euros. Podríamos observar varias reacciones en esta hipotética experiencia:

  1. La gente que pasará junto al billete y lo ignorará.
  2. Los que recogerán el billete y se lo quedarán.
  3. Los que avisarán al señor de su descuido y le devolverán su dinero.
  4. Los que verán al que ha cogido el billete y se lo ha quedado y avisarán a nuestro amigo figurante.

Estas mismas situaciones se dan en la política a la hora de manejar el dinero de todos. Es obvio que lo más sencillo es que ese señor no lleve ningún billete en el bolsillo, de esa forma jamás podrá caérsele. Por si alguien no se ha dado cuenta, ese señor simboliza al estado y las distintas personas que han interactuado con el billete, son los ciudadanos.

Si uno echa mano de la lista de los países más corruptos del mundo sabrá apreciar que también son los más intervencionistas y al contrario: los países más liberales, son los que menos corrupción albergan. La admirada Dinamarca es, actualmente, el país menos corrupto del mundo según Transparencia Internacional. No es casualidad que, a su vez, Dinamarca sea uno de los países más liberales del mundo. Concretamente se encuentra en el puesto 11 de países con mayor libertad económica. No es que los daneses sean más honrados que los españoles, es que tienen acceso a menos dinero de los ciudadanos, las administraciones no son tan faraónicas y se fomenta la actividad privada. Y lo mismo ocurre en Suecia, Nueva Zelanda o Finlandia, todos se encuentran en la lista de países menos corruptos del mundo y a la vez en la de mayor libertad económica y menor intervencionismo del Estado. La misma situación se da a la inversa. Los países latinoamericanos, en especial las repúblicas bolivarianas admiradas por Podemos como Venezuela, Argentina o Ecuador, son a la vez las naciones más corruptas y con la economía más intervenida del mundo. Sin hablar de Corea del Norte, por supuesto, que tiene el honor de encabezar ambos rankings en un honorable número 1: país más intervencionista y corrupto del planeta. En Europa  tenemos el ejemplo de Grecia, un estado fallido sumido también en una exasperante e institucionalizada corrupción y que no resulta sorprendente encontrarlo en el puesto 146 de índice de libertad económica.



Pero lo que muchos claman en nuestro país es más Estado, más intervención pública en la economía, es decir, que haya aún más dinero de los ciudadanos en manos de políticos. De nada ha servido que aquí se haya robado sin pudor precisamente por haber tenido un control desmedido del dinero de los españoles en manos de sus representantes y de unas administraciones corrompidas precisamente por alto volumen de dinero público que manejaban, pues como decía la ex ministra de cultura socialista Carmen Calvo: el dinero público no es de nadie. De nada ha servido haber tenido una banca pública que ha saqueado como una auténtica mafia, que muchos reclaman una nueva banca pública. No ha servido de nada la experiencia pasada. Queremos seguir perpetuando este supuesto “estado de bienestar” a costa de seguir engordado el Estado para que los políticos de turno sigan metiendo mano a la caja. Nos da igual, al menos a unos pocos, que parece que si les roban los de su signo político no les importa, o que prefieren votar a unos que les dicen que no lo van a hacer pero que realmente no lo han hecho porque no han tenido la oportunidad. Pero a la vez son partidarios de una atroz intervención económica para disponer de aún más dinero del que ahora dispone el Estado. Les vale con su palabra para, en vez de depositar 20 euros que antes les robaban, depositar 100 con la esperanza de que no lo hagan. Es de locos.

 

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La gestión privada

El minarquismo moderado es la única garantía de que tu dinero va a estar a salvo, es decir, en tu bolsillo. Resulta lógico pensar que el Estado debe tener ciertas estructuras, como una sanidad y educación públicas, además de empresas para que el gobierno tenga autonomía y así no estar a merced de las compañías, pero todo en su justa medida. La politización e instrumentalización de personal de sanidad por parte de algunos partidos políticos ha sido tan asombrosamente descarada que resulta extraño que tanta gente haya caído en la demagogia de estos movimientos. Un ejemplo es la concesión a empresas privadas de la gestión de algunos hospitales de la Comunidad de Madrid. La gestión privada de hospitales es una fórmula que, por mucho que se empeñen las mareas politizadas, ha funcionado. A los ciudadanos les cuesta menos dinero y reciben una mejor atención o al menos igual.

La gestión, al estar en manos privadas, no necesita de funcionarios ni empleados públicos que engorden la administración, y tampoco sus servicios de lavandería o catering. Si uno se da una vuelta por la red de hospitales públicos de Alemania podrá observar que allí llaman hospital público a tener pagar 1o euros por día de ingreso. Aquí, por fortuna, no es así, incluso estando en manos privadas. Personalmente he tenido la oportunidad de estar en alguno de estos hospitales públicos de Madrid de gestión privada que la izquierda quiere devolver al Estado para seguir engordándolo. Me ha resultado complicado encontrar más de un paciente por habitación, habitaciones razonablemente grandes, sillones amplios y plantas despejadas. A su vez, también he podido pisar un hospital público de gestión pública, por ejemplo, en Extremadura, modelo socialista por excelencia: habitaciones de 15 metros cuadrados con 2 o 3 personas en cama, en verano las ventanas abiertas y un ambiente de saturación poco recomendable para el paciente. Puede que sean dos ejemplos extremos, pero ilustra perfectamente la situación. La gestión pública no garantiza un mejor servicio, al contrario, en muchas ocasiones lo empeora.

 

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Menos libertad

La falta de libertad es algo usual también en el tipo de regímenes que admira este partido tan nuevo pero que tiene la trasnochada receta que ha llevado al desastre a todos los países en los que se ha aplicado. Quizás esto ya se escapa del tema de la corrupción, pero creo que vale la pena reseñarlo, ya que tiene bastante que ver con la intervención de estado, esta vez además de en la economía, en la vida de los ciudadanos.

Prohibir es la base de cualquier régimen socialista/comunista/fascista. Pablo Iglesias, como todos sabemos, tiene un tufo totalitario que muchas personas, inexplicablemente, confunden con democracia, cuando ha dicho en numerosas ocasiones y de forma clara que lo que él pretende es controlar la vida y el dinero de la gente, aunque lo haya hecho con otras palabras. 5 millones de personas están dispuestas a entregar su dinero y su libertad a un señor que, de forma explícita, está gritando a la cara de los ciudadanos que el control de todos los aspectos de su vida va a ser suyo.



Quizás poca gente se fijó en el detalle de que la oferta que Iglesias le hizo al líder socialista implicaba un control absoluto de todas las estructuras del estado para agarrarse a ellas como una sanguijuela. Pablo Iglesias pidió los ministerios que le dan acceso a un control político total, como el de interior, la puerta de entrada al CNI; defensa, control del ejército; educación, arma de primera para el adoctrinamiento infantil; y por supuesto la vicepresidencia para así, teniendo las carteras más importantes y el segundo cargo en el gobierno, poder desplazar a los socialistas y hacerse ellos con el dominio absoluto. Ni que decir tiene que también exigió la dirección de la televisión pública, un arma indispensable en cualquier régimen totalitario que se precie. Son las estructuras de un estado liberticida. Pero aún así, a 6 millones de personas, incluyendo IU, les parece bien que sus gobernantes dirijan sus vida en la dirección que ellos desean. No me voy a meter en los deseos de cada uno.

 

La auténtica libertad

La libertad es no depender del Estado. La compra de votos es tan sencilla como impedir la creación de empleo para que el ciudadano necesite al gobierno para subsistir (de ahí la insistencia de la izquierda en derogar la reforma laboral). Es una fórmula que, no por mil veces usada, ha dejado de funcionar, pues si los venezolanos han abierto los ojos después de 16 años de socialismo, ahora esos anhelos de intervención se han trasladado a Europa. Muchos ciudadanos siguen creyendo en estas políticas trasnochadas porque el socialismo y el comunismo tienen la asombrosa cualidad de reinventarse cada cierto tiempo.

Quizás en España nos hace falta pasar la enfermedad  para inmunizarnos del todo. Hacen falta 15 años de socialismo de verdad para vacunarnos indefinidamente de él. Quizás los deseos de tantos ciudadanos de que su vida sea intervenida en todos sus aspectos se debe a que nunca han tenido los deseos de ser libres. Pero contra eso no podemos hacer nada. La libertad también radica en respetar los anhelos de los demás, aunque ellos nos perjudiquen a los que de verdad deseamos que simplemente nos dejen en paz.



 

Isaac Parejo

 

 

 

4 thoughts on “Más Estado, menos libertad, más corrupción

  • Pingback: Papá Estado - Infoblogger

  • 1 febrero, 2016 en 21:59
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    !Que raro!, todavía nadie te ha llamado facha.

    Responder
  • 28 enero, 2016 en 21:32
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    Increíble artículo. Ojalá no tengamos que aguantar la represión de Podemos convirtiendo España en un país comunista. Muy de acuerdo con todo el artículo. Enhorabuena, Isaac.

    Responder
  • 28 enero, 2016 en 20:56
    Permalink

    Muy de acuerdo que la corrupción es inherente al ser humano.
    Lo que hay que exigir son mecanismos(que jamás serán perfectos) para dificultar al máximo las posibles corruptelas.
    Y para los mangantes que puedan sortear esos mecanismos, que los habrá, necesitamos una justicia totalmente independiente del poder político que acabe con la impunidad que hoy existe.
    No lo veo tan difícil.
    Sólo hay que tener voluntad.

    Responder

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