Ciudadanos: Se acabó la equidistancia

El pacto de investidura y legislatura que han firmado PSOE y Ciudadanos era más que previsible desde hacía unos días. Lo que no lo era tanto es que ese pacto estaría repleto de propaganda y concesiones inauditas que nada tienen que ver con las profundas reformas que dicen querer llevar a cabo. Pero no solo eso, Ciudadanos y PSOE han montado una carpa para escenificar su particular obra teatral en la que cada uno nos cuenta su visión del acuerdo con versiones totalmente contradictorias. Mientras Sánchez nos dice que va a derogar la reforma laboral, Rivera nos cuenta que no, que se va a otro marco. Mientras el líder socialista exclama orgulloso que eliminará la ley mordaza, el líder naranja nos dice que no, que solo los puntos más polémicos, y así hasta un sinfín de imposturas con las que ambas formaciones nos intentan vender un texto de 66 folios que, si bien contiene reformas interesantes, en su conjunto solo es un instrumento para materializar un sainete de regocijo con el que el copar titulares y tertulias.

 

Madrid 24-02-2016 El Secretario General del Psoe Pedro Sanchez junto al Secretario General de Ciudadanos Albert Rivera firmando el acuerdo en el Congreso Juan Manuel Prats

 

Si por algo se ha caracterizado la formación naranja ha sido por su continua equidistancia entre los dos grandes partidos. Nunca se han querido mojar y han apoyado tanto gobiernos del PP como del PSOE, aunque con distintas varas de medir. Mientras en Andalucía el partido de los ERE tiene vía libre por parte de Juan Marín (recientemente el número 3 de Susana Díaz ha sido imputado) en Madrid, Cristina Cifuentes no puede ni mover un músculo sin pedir permiso a Ignacio Aguado. Mientras en Madrid han tardado 5 minutos en montar una comisión de investigación, en Andalucía dicha comisión ha sido blindada por los socialistas y por Ciudadanos, lo que les permitirá no contar con el PP y Podemos para citar a declarar a quien ellos consideren, solo podrá hacerse por mayoría de la cámara.

La elección de Patxi López como presidente de la mesa, engendrada también por Ciudadanos, es otro punto más para romper esa equidistancia que, de forma inaudita, aún pretenden mantener. Ciudadanos ha sido la gran decepción de la política española. Por mucho que se empeñen en vendernos un acuerdo de estado, la verdad es que resulta desternillante que chantajeen a los populares exigiéndoles apoyar un pacto que únicamente ha sido firmado por los socialistas y ellos. Pero el colmo de la desfachatez viene cuando la otra parte del pacto, PSOE, pide a Podemos unirse. Dos partidos absolutamente antagónicos como Podemos y Partido Popular, a los que se está pidiendo que suscriban el mismo acuerdo; Rivera se encarga de conseguirlo con Rajoy y Sánchez con Iglesias. Lo explicaré de forma más sencilla: Ciudadanos pretende que el PP apoye un pacto que Sánchez está vendiendo a Podemos como “la forma de echar a Rajoy del gobierno”. Delirante. Resulta que el PP no tiene miras de Estado por rechazar un pacto que lo que pretende es expulsarles del poder. Rivera tiene toda la legitimidad del mundo para llegar a acuerdos con quien quiera, faltaría más. Lo que es más que cuestionable que es actúe como chico de los recados de Sánchez. Si alguien tiene pedir o negociar la abstención del PP ese es el líder de los socialistas, no el de Ciudadanos. Eso es lo criticable.

Ciudadanos miente también al decir que los populares no quieren ese gran pacto del que hablaban porque ya hay acuerdo y rechazan suscribirlo. Obviamente es una manipulación de Rivera, pues apoyar un acuerdo suscrito, redactado y negociado por los tres partidos no es lo mismo que el PP apoye un pacto en el que no ha participado y que solo ha sido firmado por los otros dos. No Rivera, no es lo mismo. La gran coalición que necesita España pasa porque los partidos se sienten juntos a redactar un programa de gobierno consensuado por los tres, no por dos de ellos y que el tercero lo apoye sin haber tenido voz en él.

 

“La culpa es de Rajoy que rechazó el ofrecimiento del Rey”

Otra memez vertida estos días. Es obvio que Rajoy no es santo de mi devoción y creo que de poca gente lo es. Es obvio que el PP necesita relevarle de inmediato, no por mal gobernante, sino por absoluto desgaste. Pero Rajoy rechazó la investidura por una razón muy sencilla: contaba con el No al 100% de los socialistas. Se está repitiendo hasta el tedio que en caso de que el presidente en funciones hubiera aceptado presentarse al debate de investidura, el pacto que estaríamos viendo estos días sería entre los populares y Ciudadanos. Es posible. Posible no, seguro, pero, ¿de qué sirve eso? ¿De que servía ir a la sesión de investidura con 163 diputados si iba a ser una investidura fallida? Yo os lo diré: para perder otro mes, lo que nos colocaría junto con el mes de Sánchez en unas elecciones en septiembre. El fallo no fue de Rajoy al declinar el ofrecimiento de Felipe VI, sino de Sánchez al aceptarlo sin haber recabado apoyos, lo que hará que previsiblemente el próximo viernes nos encontremos con el fracaso del líder de los socialistas y con un mes entero perdido para nada. El fallo de Rajoy fue no someterse al circo mediático de estar 3o días delante de los objetivos acaparando portadas sabiendo que no tenía suficientes votos, al contrario que ocurre con Sánchez que prefería un mes de flashes a pesar de conocer su más que seguro fracaso. Son distintas formas de ver la política y quizás en esto Rajoy se ha quedado desfasado.

 

Ciudadanos al ataque

Ciudadanos ha pasado a la ofensiva contra los populares. La excusa es lo más ridículo escuchado desde que entraron los agentes de la nueva política: exigir al primer partido que apoye un gobierno del segundo con el cuarto para evitar que el segundo se vaya con tercero. No he podido contar cuántas tripas se me han roto ya de la risa cada vez que escucho este absurdo argumento. ¿Qué lealtad se puede esperar de alguien al que haces presidente por miedo a que se vaya de la mano con un partido totalitario como Podemos? Es algo así como darle el capricho a un niño para que deje de llorar en lugar de mandarle a su cuarto a estudiar. El partido de Rivera ha abandonado su espíritu conciliador para situarse de forma clara en el frente anti-pp. Resulta curioso que el líder naranja diga constantemente que Rajoy no puede ser garante de la lucha anticorrupción pero en cambio sí lo pueda ser Pedro Sánchez, el líder del partido con más imputados de este país y muchos de ellos ya bajo el liderazgo del secretario general, o Susana Díaz a la cual han apoyado en Andalucía y que era la mano derecha de Griñán.

 

¿Qué pretende Albert Rivera?

Abert Rivera está jugando a una estrategia que puede salirle o muy bien o sepultar al partido para siempre. Lo que el líder naranja persigue con este pacto es ser presidente, ni más ni menos. Sabe que este acuerdo fracasará. Tras el fracaso iniciará conversaciones con el PP para llegar a otro acuerdo similiar al que ha llegado con los socialistas y que también estará abocado al fracaso. Ese será el momento en que intentará por todos los medios que el rey le proponga a él, pues al haber apoyado tanto a PP como a PSOE tendría serias posibilidades de que estos dos le devuelvan a el apoyo para investirle y formar una coalición con un gobierno formado por socialistas y populares y con él presidiéndolo. Una estrategia arriesgada, pero si lo consigue habrá que quitarse el sombrero ante él. Además sería una fórmula bastante razonable para un gobierno de transición.

 

¿Qué pretende Sánchez?

Para Pedro Sánchez este acuerdo han sido sus primarias. Sabe que su posición en el partido pende un hilo, con los principales barones territoriales en su contra, y la única forma de reforzar su posición era este pacto. De esta manera Sánchez se asegura su supervivencia y gana legitimidad a la hora de presentarse al congreso que los socialistas celebran en mayo para elegir secretario general. Pero esta puede no ser la única opción. Sánchez puede estar preparando la traición a Ciudadanos, utilizándolos de cara al comité de su partido para conseguir la investidura y después, tras una hipotética abstención de Podemos, ya siendo presidente, legislar con Iglesias y el resto de grupos, sabiendo que PP y C’s no tienen mayoría absoluta y no es posible una moción de censura en caso de romper el acuerdo firmado con Rivera. Quizás este sea el motivo por el que la formación morada esté tan tranquila y apenas aparezcan, cuando, por mucho menos que este acuerdo suscrito por Rivera y Sánchez, han armado pataletas insoportables. Y puede que también sea la razón de por qué el PSOE negoció a dos bandas el mismo día y a la misma hora y a Podemos pareció no importarle.

 

El PP, en descomposición

El Partido Popular vive esta vorágine política como una vaca viendo pasar un tren. Tan solo se dedican a repetir una y otra vez su ansiado pacto a tres pero sin mover posiciones y con un Mariano Rajoy clavado con remaches de acero a una poltrona que se niega a abandonar a sabiendas de que sabe que ya no es un activo en el partido ( realmente nunca lo fue). Al margen de que el presidente en funciones sea una persona válida o no, que haya gobernado bien o no, lo que está claro es que tiene a la mayor parte de la opinión pública, mucha abducida por ciertos medios de comunicación, en contra. Rajoy lleva al frente del partido nada menos que 12 años. Si no se marchó tras haber perdido dos elecciones consecutivas, ¿que nos hace pensar que se iba a marchar habiendolas ganado ahora? Quizás eso es lo que al presidente en funciones le impide echarse a un lado sin tener en cuenta que mucho votante del PP ha depositado su papeleta aun sin gustarle su líder. El PP lo tiene tan fácil como ir a unas nuevas elecciones con una cúpula totalmente renovada y con Cristina Cifuentes o Soraya Sáenz de Santamaría encabezando la lista para, si no conseguir una nueva mayoría absoluta, quedarse muy cerca. Debe de haber razones muy poderosas para no forzar a Rajoy a abandonar y él debe de tener también unas poderosas razones para no hacerlo por voluntad propia. Razones que, en cualquier caso, solo les perjudican a ellos.

 

 

 

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