La verdad sobre la izquierda española

La izquierda en España tiene la particularidad de ser única en el mundo, al menos en algunos aspectos. Todo país avanzado y civilizado que se precie tiene en sus parlamentos a dos grandes partidos: un centroizquierda y un centroderecha, además de varias pequeñas formaciones que completan el arco y representan a los ciudadanos que son minoría. En otros países, como Dinamarca u Holanda, sí están las fuerzas más repartidas pero todas ellas en un marco de respeto a los valores y la ley, aunque unas sean más extremistas que otras. Pero lo que ocurre en España es algo insólito, ya que en nuestro Congreso de los diputados ocurren cosas que no suceden en otros países. Pero vamos a ponernos en antecedentes sobre cuándo y sobre todo por qué comenzó toda esta vorágine populista e izquierdista que no tiene parangón con otra época vivida en la democracia española. Y todas las explicaciones tienen un mismo factor común, el origen de todo: el PSOE.

 

El PSOE no es un partido comparable a otra formación socialdemócrata occidental como pudiera ser el SPD alemán o el Partido Socialista Francés. Lamentablemente tiene una historia detrás turbia como la de pocos partidos. Sin necesidad de remontarnos a la etapa de la segunda república, con sus intentonas golpistas o aquellas frases pronunciadas por el socialista Largo Caballero: “Si los socialistas son derrotados en las urnas, irán a la violencia, pues antes que el fascismo preferimos la anarquía y el caos” o “estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia” todas pertenecientes a un líder alabado por el PSOE actual, todo un icono (y que parecen estar tomando de nuevo en cuenta, aunque actualizadas), vamos a hablar del PSOE en el periodo de la democracia, la de todos, no la que quería Largo Caballero.



 

El 23F

No hay duda de que las luces y sombras del 23F nos hacen imposible dilucidar qué es lo que ocurrió exactamente en los prolegómenos de esas fechas. Lo que sí está claro es que jamás sabremos la verdad y lo que existen, hoy por hoy, son teorías, eso sí, apoyadas por numerosos testimonios que encajan a la perfección. El hoy idolatrado por todos los políticos, Adolfo Suárez, fue víctima, antes de su dimisión, de la mayor de las campañas de acoso y derribo para descabezar a la UCD y acabar con el partido. La infame oposición que Felipe González hizo contra el antiguo presidente ha sido olvidada. A Suárez le hicieron funerales de estado y hasta pusieron su nombre a un aeropuerto a pesar de ser el presidente más vilipendiado de la historia, contra el que todos los partidos, con el PSOE a la cabeza, conspiraban para quitárselo de en medio políticamente (no busquéis paralelismos con lo que ocurre hoy con el PP y Rajoy, eso ya, para otro día). La teoría más apoyada sobre el 23F es que tanto el rey como el PSOE como los “traidores” de la UCD urdieron una trama para establecer un gobierno de concentración presidido por el general Armada y formado por miembros del PSOE, el Partido Comunista y exdiputados de la UCD. Se dice que el coronel Tejero no aceptó la presencia de socialistas y comunistas en aquel gobierno y de ahí que la chapuza del acto fuera épica, con las cámaras de televisión encendidas y retransmitiendo, algo que no estaba en el guión. Sea como fuere, la verdad es que aquel golpe de estado fallido consiguió otro objetivo, quizás uno más importante: infundir de nuevo el pánico a la vuelta del fascismo, el miedo a que Franco podía volver. Toda España había visto a través de la televisión que aquello podría ser posible. Y por supuesto hubo un beneficiado. Al infundirse el miedo al franquismo, ocurrió lo que se esperaba: que la población tiró hacia la izquierda, es decir, al PSOE, provocando la mayor victoria electoral de la historia de España con 202 diputados en las cortes.

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Felipe González durante la moción de censura del PSOE a Adolfo Suárez

 

La hegemonia del PSOE

No, el PP no es un partido fundado por franquistas como la izquierda lleva décadas exclamando. El partido fundado por franquistas fue Alianza Popular, aunque de nada sirve que su principal impulsor, Manuel Fraga, fuera uno de los padres de la Constitución. Siempre tendrá la etiqueta de Franquista, sin embargo, el hoy podemita Jorge Verstrynge, perteneciente a la extrema derecha defensora del franquismo y mano derecha del fascista Blas Piñar, consiguió quitarse esa etiqueta y hoy es venerado por la izquierda. Da igual, estamos acostumbrados a estas varas de medir la ideología. Bien, como venía diciendo, el PP fue la fusión de varias corrientes. Efectivamente Alianza Popular fue una de ellas, pero también el Partido Liberal y el CDS, la antigua UCD. Todo ello conformó en 1989 lo que hoy conocemos como el Partido Popular.

Tras esta aclaración, sigamos. El PSOE, como todos sabemos, gobernó España durante 14 años, aunque solo alcanzó la mayoría absoluta en sus dos primeras legislaturas. Pero aún así gobernó sin problemas las siguientes mediante acuerdos con las fuerzas de izquierdas. El avance del PP desde su creación en el año 89 no fue algo que preocupara a Felipe González por aquella época. La corrupción del PSOE estaba institucionalizada (recordemos que el PSOE es un partido que practicó el terrorismo de estado con los GAL), la economía estaba en descomposición, el paro disparado y aún así, los socialistas seguían ganando las elecciones. En 1996 el Partido Popular alcanzó la victoria, aunque con un muy estrecho margen (apenas 1,5 puntos separaron a ambos partidos). Al PSOE no le preocupó en exceso. Una victoria tan limitada tenía los días contados, no les sería complicado alcanzar el poder en cuatro años y mientras, renovar la casa durante ese tiempo. Todo estaba en orden. Ningún socialista pensaba que, un pueblo aterrorizado por 40 años de fascismo, fuera a confiar más de cuatro años en un partido de derechas, de ahí la insistencia de los socialistas en vincular al PP con el franquismo.

 

La sorpresa

Pero la sorpresa mayúscula llegó en el año 2.000. Ahí fue donde comenzó todo lo que ha derivado en lo que hoy estamos viviendo. Nadie preveía la aplastante mayoría absoluta de Aznar. Los socialistas observaron atónitos que la derecha podía gobernar España, que podía ganar y además por mayoría absoluta. Había comenzado el bipartidismo y el PSOE puso (de nuevo) la maquinaria en marcha para volver al poder (recordemos de nuevo las frases de Largo Caballero). Por supuesto, el personaje de la imagen de la portada que aparece en un tamaño mayor no es alguien que simplemente pasaba por allí, es el cerebro de todo, que aún sigue maniobrando en la sombra.

La convulsa segunda legislatura de Aznar estuvo marcada por tres hechos de especial relevancia: La guerra de Irak, el accidente del Prestige y por supuesto los atentados del 11M. Ni la macrocampaña contra el Gobierno por la guerra de Irak, donde mareas ingentes de personas dirigidas por el PSOE inundaron las calles bajo el lema del archiconocido “No a la guerra”; ni el desastre ecológico sin paliativos del petrolero Prestige, que también fue utilizado por el PSOE, hicieron catapultar a los socialistas; al contrario, el PP seguía dominando las encuestas y acercándose a una nueva mayoría absoluta. La desesperación de los socialistas era total.

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Quizás pocos recuerdan al hoy mediático Antonio Miguel Carmona cuando, allá por 2002, cuando era diputado regional, tuvo que presentar su dimisión al ser pillado infraganti proponiendo “hundir otro Prestige para conseguir votos”. Se excusó en el tono informal de la conversación.

Tampoco el cambio de líder a un joven José Luis Rodríguez Zapatero, hicieron medrar a los populares en su más que segura tercera victoria en las urnas.

La campaña electoral del 2004 comenzó con el PP aventajando de nuevo a un PSOE que no tenía ninguna opción de alcanzar el poder a menos que ocurriera un vuelco electoral sin precedentes, como efectivamente ocurrió.



 

El 11M

No entraremos demasiado en la autoría de los atentados y la posterior investigación chapucera plagada de irregularidades y pruebas falsas y otras, como los propios trenes, destruidas a las 48 horas del atentado, ya que Luis del Pino, periodista de Libertad Digital, lo explica a la perfección en muchas de sus intervenciones y artículos. Lo que sí vamos a contar es, como en el 23F, a quién benefició, y una vez más fue al PSOE. La guinda del pastel a cuatro años intentando hacer caer al gobierno del PP fueron los atentados del 11 de marzo que produjeron un vuelco electoral sin precedentes provocando, por fin, la vuelta al poder de los socialistas.

Los tres días posteriores a los terribles atentados, fue la campaña electoral de los socialistas concentrada en 72 horas. La infame utilización por parte del PSOE de los recientes atentados y el convertir el dolor por las víctimas en política y la culpabilización de los atentados al gobierno, captó a millones de personas provocando una revolución en los prolegómenos de unos comicios que no se preveían con grandes cambios. Lo más torticero de todo fue el olvidarse ipso-facto de que los responsables de la masacre fueron exclusivamente los que pusieron las bombas. La opinión pública compró que el culpable había sido Aznar por su participación en la guerra de Irak (a pesar de que las tropas españolas en Irak no dispararon una sola bala y su presencia obedecía exclusivamente a misiones humanitarias). Este argumento encierra tras de sí algo demoledor: la justificación de los terroristas en su legítimo derecho a matarnos por haber participado en la guerra. Pero dio igual, millones de personas lo aceptaron.

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Monedero e Iglesias en la manifestación frente a la sede del PP tras los atentados del 11M

El objetivo

El PSOE ya estaba en el poder, el objetivo estaba cumplido y era necesario poner en marcha la maquinaria para infundir de nuevo el miedo a la derecha tal y como ocurrió el 23F, para evitar otro “año 2000” (obviamente no contaban con la crisis). Así nació la ley de la memoria histórica, la necesidad de sacar a relucir de nuevo a los muertos de la Guerra Civil y por supuesto a Franco. La brecha que había sido cerrada con la transición fue abierta de nuevo con un claro objetivo: evitar la vuelta de la derecha al poder. Y para ello nada mejor que, aparte de promulgar dicha ley, aprobar una ley educativa para sorber cerebros y adoctrinarlos. Así nació la famosa “educación para la ciudadanía”, una asignatura impartida en los colegios la cual, aparte de enseñar contenidos interesantes como la igualdad entre hombres y mujeres o la normalización de las relaciones homosexuales, tenía un componente adoctrinador más que evidente. Educación para la ciudadanía no educaba para la ciudadanía, educaba para implantar una ideología escorada, ya que todos esos valores cívicos que se enseñaban, la asignatura los asociaba a la izquierda. Tal y como expliqué en este artículo -leer- , los socialistas, con esa materia, pretendían crear votantes del PSOE pero, sin saberlo, estaban fabricando votantes de un Podemos que aún no existía, pero que ya se estaba gestando. Los socialistas pensaban que siempre serían la fuerza hegemónica en la izquierda. Se equivocaron.

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Libro de Educación para la ciudadanía.

 

Tras una primera legislatura en la que lo único destacable y salvable, y por lo que se recordará a Zapatero, fue la ley del matrimonio igualitario, llegó la crisis económica que el presidente no vio venir a pesar de pasarle por encima como un tren de mercancías. Bruselas le advertía, Rajoy le advertía, el dato del paro que comenzaba a subir de forma imparable lo advertía, pero él hizo oídos sordos porque se acercaban unos comicios donde se jugaba la reelección. Tras un debate electoral plagado de mentiras que el impasible Rajoy no fue capaz de rebatir, Zapatero ganó las elecciones y con un resultado aún mayor que en 2004. A día de hoy ZP es el presidente con más votos (que no escaños) de la democracia. Pero a partir de ese momento, el ejecutivo socialista fue en picado. La destrucción de empleo era imparable. En un solo año más de un millón de personas se fueron al paro ante la pasividad del presidente y de los untados sindicatos. El PP solo gobierna este país si quiere el PSOE, eso está claro y a los socialistas les interesaba que volvieran los populares a arreglar su estropicio de nuevo. La derrota del PSOE en las elecciones del 2011 estaba cantada, aún así, era necesario un nuevo 23F, o un nuevo 11M, es decir, una nueva revolución contra la derecha: el 15M, el embrión de Podemos, el resultado de años de adoctrinamiento, de memoria histórica y de abrir el melón de la guerra civil. Nos vendieron el 15M como un movimiento contra la clase política, cuando en realidad fue un movimiento contra el PP ya que estalló en pleno caso Bankia y, además, estuvo apoyado por Rubalcaba.  Que este movimiento se diera 7 días antes de las elecciones autonómicas y municipales, por supuesto no tiene nada que ver. Como tampoco tiene nada que ver el fin de ETA un mes antes de las generales, llenándose las redes de gratitud a ZP y Rubalcaba por esa victoria de la democracia. Repito, no tiene relación alguna.

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El Partido Popular ganó por mayoría absoluta, como se preveía, aunque los socialistas hubieran intentado minimizar la debacle. Pero les convenía. Tenían cuatro años para reordenarse, dejar que otros arreglaran, de nuevo, el descomunal pufo que dejaron y volver a la ofensiva.

Podemos no es ni más ni menos que el hijo de Zapatero. Toda esa generación crecida en los años de ZP y que alcanzó la mayoría de edad ahora, es la que ha provocado este vuelvo a la izquierda radical. Podemos es primera fuerza, y con diferencia, entre los jóvenes de 18 a 25 años, qué casualidad. De hecho si solo votaran las personas en ese rango de edad, la victoria de Podemos sería el triunfo más aplastante de la historia electoral de un país. Podemos aspira a sustituir a su creador, es el aprendiz que supera a su maestro y lo deja aislado y defenestrado. Pero esta izquierda es más peligrosa. La izquierda de Podemos, conectada con la CUP, Compromís y multitud de movimientos comunistas ha conseguido absorver las mentes jóvenes y hacer ver que democracia consiste en defender todo aquello que vaya en contra del estado de derecho construido a lo largo de 40 años. Ya sea en su defensa de terroristas o regímenes totalitarios, que ellos ven como el sumun de la democracia y la libertad. Hoy en día para pertenecer a la izquierda pura hay que cumplir unos requisitos indispensables: ser intervencionista o anticapitalista, no condenar a ETA o, en su defecto, considerar a los terroristas presos políticos, defender cualquier acto, por repugnante que sea, que vaya contra la derecha o contra el país, apoyar la disgregación de España y los movimientos independentistas, odiar la bandera y ser republicano, antimilitarista y anticlerical.

Atrás quedaron aquellos tiempos en que España entera se echó a la calle a gritar basta cuando Miguel Ángel Blanco, concejal del PP, fue secuestrado y ejecutado por ETA. Atrás quedó esa España unida en contra de todo lo que amenazara su unidad y sus deseos de paz. Hoy se hacen homenajes a terroristas, los proetarras están en las instituciones, el odio se ha apoderado de la sociedad y ha vuelto la España de los bandos, el enfrentamiento entre compatriotas y la necesidad imperiosa de destruir nuestro país que, como todos sabemos, nadie mejor que los propios españoles para hacerlo.



3 thoughts on “La verdad sobre la izquierda española

  • 16 junio, 2017 en 20:29
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    ¡Vaya mierda de análisis!

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  • Pingback: Por qué el PSOE quiere terceras elecciones - Infoblogger

  • 20 marzo, 2016 en 0:03
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    El odio se ha apoderado de la sociedad… Qué gran verdad, no tengo duda, lo veo día a día. No suelo expresar mis ideas sobre política, pero cuando me rodea una mayoría de seguidores de Podemos, ni me planteo opinar. Responden con ira al que expone una idea distinta a la suya, son como una especie de masa enfurecida.

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