La dictadura de los perdedores

Vuelve el bloqueo político. Ni unas elecciones en las que ha habido un claro ganador han servido para desatascar una situación política que se antoja inaguantable. Seguimos con los vetos, con los nóes y con las lineas rojas, en un momento en que España se juega su estabilidad y su progreso económico.

El problema principal vuelve a ser el de después del 20 de diciembre: la no aceptación de los demás partidos de la victoria del PP. Este hecho se ha acentuado más en los comicios del 26J con el inesperado holgado triunfo de Rajoy sumando 14 escaños más y con todos los demás partidos perdiendo escaños, votos y porcentaje.



Toda la maquinaria mediática en contra

El PP ha tenido durante cuatro años a toda la maquinaria televisiva, de prensa escrita y radiofónica en su contra. El foco puesto en ellos (como debe ser) ha sido una suerte de ley del embudo por la que ningún otro partido ha pasado. El PSOE, recordemos, el partido con más corrupción de la historia de España – leer “El Psoe y partido de la corrupción”- ha sido presentado por los medios de comunicación como la regeneración de la política, como aquella formación que jamás ha roto un plato, como si no hubieran gobernado durante 21 años y se hubiera robado a manos llenas durante sus legislaturas. No hay mucha diferencia en cuanto a corrupción entre el PP y el PSOE, a pesar de que la de los socialistas es abrumadoramente mayor en términos cuantitativos. Pero en término cualitativos son partidos similares y no por el hecho de que sean el PP y el PSOE sino porque son las formaciones que más tiempo han gobernado España, uno 21 años y el otro 12. Lógicamente, por esta razón, el pódium en cuanto a casos de corrupción lo ocupan los socialistas en primer lugar y los populares en segundo (no así en términos de dinero robado, donde Convergencia está en lo más alto de la lista). Pero la cuestión es que la máquina del fango, que es prácticamente al completo afín a la izquierda, se propuso desde el día uno pintar al PP como el partido de la corrupción. Esto funcionó durante un tiempo pero, a tenor de los resultados electorales, los ciudadanos ya han visto de qué va el asunto. Que el PSOE use el tema de la corrupción como ataque a los populares es de una risa hilarante.

El caso es que pese el acoso y derribo al Partido Popular durante estos cuatro años, presentándolo poco menos que como una organización criminal, los ciudadanos le han dado ocho millones de votos. Y no es porque a los españoles les guste la corrupción, de hecho estoy convencido de que han votado pensando en que es la opción menos mala, no la mejor. La indudable mejoría económica, que algunos se empeñan en negar aunque ya no sirva de nada pues se va notando en la calle, sin duda ha tenido mucho que ver. Lo mismo ocurrió en 2004,  cuando los populares iban camino de otra mayoría absoluta y ni el Prestige ni el No a la guerra eran capaces de sacarlos de la primera posición en las encuestas. Tuvieron que explotar cuatro trenes en Madrid para que esa situación cambiara. Que claro que fue Al Qaeda, los trenes destruidos a los 2 días de los atentados dan fe de que allí no hubo nada extraño. Pero eso ya es otro tema.

Ciudadanos ha perdido 8 escaños, el PSOE, ya en su suelo electoral con el peor resultado de su historia, volvió a batir récords llegando al subsuelo y anotando 85 ridículos escaños y así todos los partidos del arco parlamentario, excepto ERC. Pero ya sostuve en más de una ocasión que el PSOE intentaría gobernar España aunque estuvieran en el grupo mixto y Pedro Sánchez se dispone a ello. La razón es que los socialistas consideran que este país es suyo, su cortijo y que nadie más tiene derecho a gobernarlo. En cuanto otros llegan y toman los mandos, ponen en marcha su máquina del fango, que incluye a Ferreras (que hizo su trabajo durante los días posteriores del 11M y se mantuvo en letargo hasta que el PP volvió a ganar las elecciones en 2011) y un sinfín de personas dispuestas a devolver al gobierno al partido que consideran que debe ostentar el poder por siempre jamás.

Pero ni aún así han evitado que el PP gane y no solo que gane sino que aumente su ventaja sobre los demás. La distancia de votos entre el primer y el segundo partido es la mayor de la historia en España cuando no ha habido mayoría absoluta.

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El mapa más doloroso para los perdedores.




La ambigüedad naranja

En ciudadanos nadie entiende nada. No les costó ningún esfuerzo firmar un pacto de gobierno con el PSOE de Sánchez exigiendo, con 130 escaños, la abstención de los demás grupos para que pudieran gobernar y se la niegan al PP con 137. Pero lo más sorprendente es que pactaran con el PSOE andaluz, de lejos, una federación corrompida hasta la médula, bajo la excusa de que Griñán y Chaves ya no están en sus escaños. Esto tiene multitud de matices, empezando por que el pacto entre el PSOE andaluz y Ciudadanos se dio antes de dicha dimisión a pesar de que Rivera dijo, tras aquel 22 Marzo, que no cogerían el teléfono a Susana Díaz si Griñán y Chaves no se iban antes.  Según el partido naranja  ni Rajoy ni nadie del actual gobierno puede liderar la nueva etapa política porque no representan la regeneración, sin embargo, con la presidenta de la Junta de Andalucía no tuvieron problema en darle un Sí, a pesar de ser la hija política y mano derecha de Griñán durante lustros.

El veto de Ciudadanos a Rajoy solo podría obedecer a la estrategia de tener la pretensión de sustituir al PSOE en la socialdemocracia española, si no, sería un ejercicio de hipocresía. Pasarse seis meses criticando los vetos y las lineas rojas y vetar al candidato del PP no parece el súmun de la coherencia. Estar seis meses declarando que lo importante son las reformas y no los sillones y anteponer el sillón de Rajoy a negociar reformas con él, también entra dentro de coherencia naranja.

rivera y sanchez

El partido que ha sacado tres millones de votos exige al líder que ha sido votado por ocho millones que dimita porque según ellos no tiene legitimidad para ser presidente, lo que demuestra que la democracia importa un bledo y que lo que votan los españoles, para Rivera, importa menos aún. La ética y la legitimidad la deciden ellos y no los ciudadanos con sus votos. Repito, que Ciudadanos no apoye a Rajoy sería totalmente legítimo si antes no hubieran apoyado sin problemas a cosas infinitamente peores.



 

Nadie quiere a Pedro Sánchez

El caso de Pedro Sánchez sería ya para estudiarlo en las universidades como un grave caso de oligofrenia. Tras a haber llevado a su partido a los peores resultados de su historia en todas las elecciones celebradas desde que él es secretario general, se niega a abandonar la poltrona. Que 85 escaños no sean para esconderse debajo de una piedra, es una prueba del nivel de “jetez” del líder de los socialistas. Desde el 26 de junio ha declarado que quiere ser líder de la oposición, pero a la vez continua su postura del No a Rajoy, bloqueando de esta forma cualquier tipo de gobierno. Es un caso digno de estudio, el del político que quiere ser líder de la oposición, sin un gobierno al que oponerse. Nadie es capaz de plantarle cara, nadie le aparta, a pesar de estar destrozando al partido día a día intentando parecerse a Podemos en lugar de marcar distancias y presentarse como la socialdemocracia seria, europea y con sentido de estado.

En Francia hay un pacto entre socialistas y democristianos para evitar que el Frente Nacional llegue al poder allá donde gane. En España el PSOE se dedica a aupar a la extrema izquierda allá donde gana. El PSOE está en descomposición y eso ya es irremediable, nunca volverán a ganar unas elecciones y entiendo que debe de ser duro admitirlo pero por supuesto, no lo hacen. Su única  y triste aspiración es quedar segundos y poder sumar mayoría con un partido radical de izquierdas para poder gobernar en algún lugar. Un partido de gobierno no podía caer más bajo, pero Sánchez lo ha conseguido.

 

La estrategia de Ciudadanos

Debido a la incompresible postura de Ciudadanos, la otra posible teoría sería la de la reedición de su famoso “pacto del abrazo”. Al fracasar la investidura de Rajoy, Sánchez volvería a intentarlo y esto conllevaría volver a desempolvar su pacto post-20D. Las cosas han cambiado, a Podemos ya no le interesan nuevas elecciones como antes, saben que volverían a perder votos y que no les quedaría más remedio que apoyar ese pacto de los socialistas con los naranjas, de modo que todo saldría a la perfección. Ciudadanos se escudaría en evitar terceras elecciones y Podemos haría lo mismo. Es la lucha sin cuartel por eliminar a Rajoy al que los medios han vilipendiado a pesar de no haber encontrado en él ni un ápice de corrupción. Pero debido a que los demás partidos se deben a estos medios de comunicación y viven de la imagen que proyectan a ellos, la orden es eliminar a Rajoy del tablero y hay que obedecer.

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Susana Díaz y Juan Marín. Foto: El Confidendial.

Esta situación, repito, viene a consecuencia de no aceptar los resultados electorales y de la desesperación de haber perdido unas elecciones dos veces consecutivas, a pesar de haberlo tenido todo a su favor. Que un partido que supuestamente está corrompido, tanto daño ha hecho a la sociedad, mueren dependientes por su culpa, la gente esclavizada en sus trabajos y cobrando sueldos de mierda, gane por goleada a la “nueva política” y a los que vienen a regenerarlo todo, es como clavar un puñal ardiendo en el corazón. Que un señor de 60 años haya barrido a los jóvenes y guapos de la neopolítica, es un duro golpe complicado de encajar. Pero la realidad es la que es, los resultados son los que son y por mucho que intenten cambiarlo en los despachos, los ciudadanos tomarán nota sabiamente de nuevo.



 

 

 

 

 

 

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