Entre todos la mataron

La política se ha convertido en un deporte de alto riesgo. Tan alto que te cuesta la vida. Rita Barberá ha muerto. Y no ha muerto por ser una mujer mayor con problemas del corazón. No ha muerto por muerte súbita por una cardiopatía desconocida. No. A Rita Barberá la han matado entre todos. La pena del telediario, los juicios populares, el odio inculcado, la sumieron en una profunda depresión de la que finalmente no salió. A Rita la condenó todo el mundo. Todo el mundo menos el juez.

Vivimos en un país en el que ha desaparecido la presunción de inocencia. Y un estado en el que un derecho fundamental como este no existe, no puede llamarse democracia. Los medios de comunicación ha tomado el control de la sociedad y no importa lo que un juez diga o sentencie porque se impone lo mediático, lo que diga el periodista más popular vendido  al partido que le deberá favores en un futuro.

Rita Barberá fue condenada por la sociedad por 1.000 euros. Apenas 800 euros menos de lo que Íñigo Errejón estuvo cobrando durante meses por un trabajo al que nunca acudió. No tenía propiedades, vivía de alquiler a sus 68 años.



La proporción de minutos dedicados a los 3.000 millones presuntamente dilapidados, robados y gastados en putas y coca en la junta de Andalucía es ínfima, apenas una millónesima parte, en comparación con las portadas, programas y tertulias que han ocupado los dos billetes de 500 euros que Rita Barberá supuestamente recibió.

La difunda alcaldesa de Valencia no es la única víctima, aunque sí mortal, de esta cacería mediática a la que están sometidos los políticos pero, quizás, sí la más icónica. Una cacería que el PP no ha sido capaz de controlar. Un centroderecha que no ha sabido vender un discurso, rebatirlo, mandar su mensaje y que decidió apartarla del partido sin siquiera una imputación, amenazados por un tal Albert Rivera y  este a la vez secundado por algunos vicesecretarios populares.

Pero la pena del telediario es extensa. Todo recordamos la cacería a Francisco Camps, que acabó con su absolución pero que aún continúa (El País dedicó a los trajes de Camps nada menos que 93 portadas). Como he dicho, no importa lo que diga un juez sino lo que pienses tú o Ferreras.

Todos asistimos a la cacería mediática a la que es sometida diariamente Esperanza Aguirre. Nunca han sido capaces de encontrar absolutamente nada sobre ella, ni siquiera publicando su declaración de bienes, pero aún así es la mayor corrupta del Reino. Por suerte Aguirre tiene la valentía necesaria para pasar por encima de la máquina del fango y no afectarle lo más mínimo, pero Rita no tuvo esa suerte. Nadie fue capaz de encontrar nada para acusarla y se tuvo que buscar un presunto blanqueamiento de 1.000 euros para convertirla en la criminal más deleznable de España. El PP tuvo que apartar a Rita Barberá por la exigencia de Ciudadanos, un partido que ahora lamenta su muerte pero que la trató como culpable sin sentencia alguna. En la Junta de Andalucía, sin embargo, pueden sostener sin problemas al gobierno de Susana Díaz sin pedir ni una sola dimisión. Sí, la Chaves y Griñán, los cuales dimitieron mucho tiempo después de haber firmado el pacto de investidura. Son casos distintos evidentemente, claro que sí. El PSOE no es para lo medios el monstruo que representa el Partido Popular, a pesar de ser el partido más corrupto de la historia de este país, con perdón de Convergencia y el señor Pujol.

Todos recordamos también a Jose Manuel Soria. Otra víctima de la pena del telediario a la que el PP sucumbió cesándole como ministro. Soria no fue imputado, no fue acusado de nada, no cometió ilegalidad alguna y aún así fue apartado del Gobierno por la violencia mediática a la que fue sometido.



La oposición disfrazó sus exigencias de dimisión con las mentiras continuadas del exministro. Una falsedad más a la que algunos hemos terminado acostumbrándonos, pues a los dos segundos de la publicación de los papeles de Panamá ya se estaba pidiendo esta dimisión, antes de que Soria diera una sola explicación.

Torres Hurtado, el excalde de Granada que fue detenido y propició la moción de censura y posterior pacto de Ciudadanos con el PSOE, fue absuelto. No fue difundido por los medios y no ha habido disculpas por parte de nadie. Lo curioso de este caso es que el nuevo alcalde del PSOE, apoyado por los de Rivera, ha sido imputado y el partido naranja ha callado. Por supuesto ni se han planteado retirarle el apoyo.

Apoyar o retirar el apoyo, tratar como criminal a un político  o no, depende de la cobertura que tenga el medio en cuestión. En eso se basa la nueva política para emitir su propios juicios. Rita Barberá no habría sufrido el linchamiento político por parte de todos los grupos, incluyendo parte de su propio partido, si ciertos medios no hubiera dado una cobertura desmesurada a su presunto caso de corrupción mientras callaban otros muchísimo más graves pero que no interesaba difundir.

 

¿Quién querría entrar en política?

El ínfimo nivel político que tenemos en España se debe a varios factores. En primer lugar, el sueldo. No, los políticos en España no están bien pagados. Con un sueldo de 70.000 euros anuales, ¿qué empresario de éxito iba a querer entrar en política? Qué empresario brillante que gane cientos de miles de euros anuales va a ser político por ese salario? Ninguno. Esto propicia que en política entren los mediocres, los que no tienen donde caerse muertos, los que no valen para la empresa privada, esos que estudiaron ciencias políticas y lo único que saben hacer, y mal, es propaganda.

Recientemente, en una conocida tertulia, un diputado de Podemos confesó que no se marchó de casa de sus padres hasta que no fue diputado. Ese es el nivel. Mientras en Estados Unidos, Reino Unido o Alemania, la política es una profesión a la que no puede acceder cualquiera, pues exige unos requisitos de alto nivel, una carrera y un prestigio que pocos ciudadanos tienen, en España hacemos diputados a jóvenes recién salidos de la universidad, atracadores de supermercados o especuladores de viviendas.

El segundo motivo es, como hablamos, la pena del telediario, que va unida a la primera razón. Además de que los políticos están mal pagados y a los empresarios de éxito no les compensa entrar, debemos sumar la cacería mediática. Nadie está dispuesto a exponerse a una manada de hienas salvajes, a salir en portadas y en tertulias por 70.000 euros, a menos que quieras irte de casa de tus padres. Pero desde luego el que gana un millón anual en el anonimato nunca querrá ganar 70.000 por exponerse a la agresión sin piedad de ciertos medios de comunicación y partidos políticos sedientos de venganza.



 

La podredumbre de la izquierda

Una vez más hemos asistido a la miseria moral representada por Unidos Podemos. Pero esta vez se han quedado solos en su demostración de inhumanidad, actuando como auténticos prepúberes en plena estrategia de Pablo Iglesias para devolver a la formación morada a sus orígenes radicales. Esos orígenes que se situaban en un 8%.

Pero no ha sido Iglesias el único que ha mostrado la cara de esta nueva inquisición española contra el que piensa diferente. Las muestras de desprecio y las burlas hacia Rita Barberá se cuentan por miles en la red social.

Uno de los más detestables ha sido, cómo no, el de la pseudo-revista El Jueves, acostumbrada a la miseria intelectual y al insulto de todo lo que se encuentre a la derecha de la extrema izquierda.

¿De quién es la culpa de este reguero de odio en la sociedad? De todos y cada uno de los medios de comunicación que consienten y minimizan todo acto repulsivo que comete la izquierda desde que ZP reabrió el melón de la guerra civil dividiendo al país en las enterradas dos Españas. Son los niños mimados del país. Como dijo un día el exministo José Luis Corcuera, la izquierda, en este país, tiene derecho de pernada. Y la derecha, acomplejada, agacha la cabeza y se lanza a sus brazos, falto de un discurso para combatir las mentiras que tan bien se les han dado siempre.

Rita Barberá es la primera víctima del periodismo escrache, sodomizado por una izquierda que en cualquier país avanzado viviría en la marginalidad.

Sabemos que el populismo está presente en toda Europa y ahora también en EEUU (realmente de EEUU nunca se fue) pero una cosa es el populismo de Trump, el de Syriza, o el de Marine Lepen, que aún con sus discursos demagógicos, les falta tiempo para unirse a todos sus compatriotas bajo su bandera y su himno y otra el populismo que sufrimos en España al que el PSOE se unió hasta que Pedro Sánchez fue expulsado como se merece. Un populismo lleno de odio a los símbolos y a todo el que piense diferente, un populismo lleno de violencia. Y lo más grave es ver cómo algunos medios de comunicación han comprado ese discurso y lo transfieren a las mentes más volubles, las sedientas de venganza por no se sabe qué. Quizás esto nos debería hacer reflexionar sobre a dónde se dirige España. O puede que simplemente esta muerte no sirva para nada. Quizás solo haya que esperar a que hagamos lo que mejor sabemos hacer, destruir el país nosotros mismos.



 

 

2 thoughts on “Entre todos la mataron

  • 26 noviembre, 2016 en 1:47
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    la culpa es de la madre que te parió, de esta chusmosa que robó miles de millones por los que la gente se muere de hambre, y tu la defiendes como calaña que eres.

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    • 30 diciembre, 2016 en 21:14
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      Cree el ladrón que todos son de su condición.

      Parece que muchos olvidan que en cualquier estado de derecho que se precie, existe la presunción de inocencia ¿y que quiere decir presunción de inocencia? Pues quiere decir que, hasta que un juez o tribunal no emita un papel, de una o muchas páginas, que se llama “Sentencia” y que termina con un “FALLO: …. debo (o debemos) condenar y condeno (condenamos) al acusado …..”, NADIE es culpable.

      Por cierto, de esas, chusma como ciertos concejales de “Ahora Madrid”, si que han recibido.

      Así que, para calaña, todo Podemos, sus votantes y cretinos como tu y tu propia madre, mas el cornudo borracho moro de tu desconocido padre.

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