Así roba tu dinero el Estado

Todos damos por hecho que tenemos que pagar impuestos, que pagar impuestos es algo bueno y que debemos hacerlo por ese principio orquestado por la socialdemocracia y la derecha Europea que es la manida “redistribución de la riqueza” que no hace más que generar cada día más desigualdad. Los impuestos, como su propio nombre indica, es un pago que el estado impone y que te obliga a desembolsar por el simple hecho de existir y consumir. No hay duda de que hay impuestos que son necesarios para financiar ciertos servicios públicos básicos, pero lo que nos han metido en la cabeza durante décadas es que la monstruosa carga impositiva que el estado carga sobre el ciudadano es totalmente necesaria para financiar el estado del bienestar que dicen que debemos mantener. Nada más lejos de la realidad. Es la forma que tiene el Estado de saquear nuestros bolsillos, de robarnos legalmente aunque luego nos indignemos con vehemencia contra la corrupción, que no es siquiera una mínima parte de lo que el Estado se embolsa gracias a tu trabajo y tu esfuerzo. Vamos a repasar unos cuantos impuestos para que ustedes juzguen si es que son realmente necesarios o simplemente el Estado le está metiendo la mano en el bolsillo contra su voluntad.



Como todos sabemos que en España existen dos clases de impuestos, los directos y los indirectos y a su vez, según la administración se dividen en generales, autonómicos y locales. Lo que más llama la atención de los impuestos son sus nombres. Les suelen buscar nombres muy técnicos para que parezcan muy necesarios y estemos dispuestos a pagarlos.

El IVA: Impuesto sobre el Valor Añadido. Este impuesto es el IMPUESTO con mayúsculas, lo paga el pobre y lo paga el rico. Todos. En España este impuesto está gravado al 21% el tipo general. Cualquier cosa que quieras comprar estará gravado con él. Es decir, por el mero hecho de consumir deberás pagar al Estado un porcentaje de su valor.

IRPF: El impuesto sobre la renta de las personas físicas. Lo que viene siendo un impuesto que debes pagar por el simple hecho de trabajar. El estado retrae de tu nómina un porcentaje que va a parar a las arcas del estado. Si eres una persona física y trabajas debes darle obligatoriamente al estado un porcentaje del dinero que has ganado trabajando.

Impuesto de Sociedades: El impuesto que más paro y fraude crea. Por ejemplo, fue usado por Juan Carlos Monedero para tributar por aquel informe de 425.000 euros que nadie vio jamás cuando debería haber tributado a través de IRPF ahorrándose casi 120.000 euros.

Pero comencemos a meternos en camisas de once varas con los impuestos con los que realmente el Estado roba al ciudadano. Los impuestos que gravan a la vivienda son quizás los más escandalosos.

Llega el momento deseado, vas a comprarte tu primera vivienda. Por fin vas a tener una propiedad. Has pasado toda tu vida ahorrando para ello. Bájate de la nube. Esto es todo lo que el Estado, tu comunidad autónoma o tu ayuntamiento te robará

Lo primero que tendrás que pagar si la vivienda que vas a comprar es nueva, será el IVA, que varía entre 4% y el 10% dependiendo de si la vivienda se encuentra en régimen especial o es de un particular. Perfecto, pues me compro una vivienda de segunda mano y así no tengo que pagar IVA. Estás muy equivocado. Para estos casos el Estado se inventó un impuesto para que tengas que pagar igualmente, se llama Impuesto de Transmisiones Patrimoniales que oscila entre el 6% y el 10% dependiendo de la comunidad autónoma, es decir, es como si estuvieras pagando el IVA. Hagas lo que hagas, compres la vivienda que compres tendrás que pagar.



¿Crees que ha acabado aquí tu periplo fiscal para acceder a la casa de tus sueños? Ni mucho menos. Si tu vivienda no es de segunda mano y has tenido que pagar IVA, también deberás abonar el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados, en otras palabras, un dinero que tendrás que pagar por cada documento que se formalice para la compra de la vivienda, escrituras, actas o testimonios notariales.

“Por fin, la vivienda es mía”. Sigues estando muy equivocado. En caso de que la vivienda sea de segunda mano y haya incrementado su valor desde su primera compra hasta que esa casa llega a ti, deberás pagar la famosa Plusvalía. El robo con mayúsculas. Consiste en un impuesto sacado de la manga que el vendedor tendrá que pagar si ha obtenido beneficio por la venta gracias al incremento del valor de la vivienda. Como he dicho, es un impuesto que recae sobre el vendedor, pero no te preocupes que ya se encargará este de metértelo en el precio de la vivienda para no tener que pagarlo o, en su defecto, te obligará a pagarlo a medias.

– Bien, ¿puedo entrar ya a mi casa?

– Claro que sí.

– ¡Bien!

– Pero tienes que seguir pagando toda tu vida.

– ¿Por qué?

– Porque nos hemos inventado otro impuesto llamado IBI, Impuesto sobre Bienes Inmuebles, es decir, un impuesto municipal que debes pagar cada año durante toda tu puñetera vida por el simple hecho de tener una propiedad. Se calcula sobre el valor catastral de la vivienda y su pago se realiza de forma anual.

– ¡Ah!

– Venga, ahora sí. Después de haberle desplumado vivo puede usted pasar a su casa.

Ya por fin has entrado en tu vivienda, te quedan muchos años en ella y es una inversión que hiciste con mucho esfuerzo para dejársela a tus hijos en herencia. Lo que no sabes es que el Estado está acechando detrás de las esquinas durante toda tu vida esperando el momento en que mueras para seguir robándote. Es el nombre coloquial del archiconocido Impuesto de Sucesiones. Este robo a mano armada quizás es la forma más descarada en que el Estado puede saquear al ciudadano y quedar totalmente impune. Consiste en un impuesto que tus hijos o los legítimos herederos tendrán que pagar para poder heredar una propiedad que POR DERECHO es tuya, además de haber pagado infinidad de impuestos por ella durante toda la vida. En otras palabras, el Estado mete sus zarpas en tu vida privada para exigirte el pago de un dinero por acceder a algo que es tuyo.

– ¿Y si no puedo pagar ese impuesto?

Muy sencillo, el Estado se queda con tu casa, es decir, te la roba y se la venderá al mejor postor en una subasta pública.

– ¿Puedo vender una de las propiedades que he heredado para pagar el impuesto?

No. Si no puedes pagarlo el Estado se quedará con todo. Lo que suele ocurrir en estos casos es que una familia humilde que no puede hacer frente al pago de este secuestro pierde sus propiedades que, al pasar a subasta, se las quedará otra persona que generalmente se dedique a acumular propiedades para su venta.



¿Te parece que acabado aquí tus obligaciones con Hacienda? Claro que no. En España tenemos el jurásico Impuesto de Patrimonio que, aunque fue suprimido en 2008, volvió a estar vigente en 2011, en principio con una vigencia hasta 2015, aunque finalmente se ha alargado y actualmente se sigue pagando. Es un impuesto de competencia autonómica que en algunas autonomías, como Madrid, tiene una bonificación del 100%. Básicamente lo que hace este impuesto es obligarte a pagar por tener patrimonio, así de sencillo. Si ya tienes dos o tres viviendas y estás pagando un IBI por ellas, el Estado te obliga a tributar doblemente por ellas con este impuesto sacado de la chistera.

Veamos, ya hemos desangrado al ciudadano todo lo que hemos podido, ¿podemos hacer algo más? Podemos hacer algo más. Así surgieron los impuestos especiales. Se quedaron sin nombres.

Estos impuestos son los que gravan a determinados productos que ya están gravados con el IVA. Es decir, tendrás que pagar dos impuestos por un mismo producto. Bajo la excusa de la “desincentivación”, el Estado nos roba doblemente haciéndonos pagar de nuevo por productos como la gasolina, el tabaco o las bebidas alcohólicas. Hasta aquí bien, a menos que quieran también desincentivar el uso de la electricidad que también está gravado con este impuesto. Incluso el famoso impuesto de matriculación entra en esta categoría de “impuestos especiales”.

Muchos podrían pensar que todo esto es necesario para mantener el monstruoso estado del bienestar del que disfrutamos, pero no. Para poneros un ejemplo, solo con la recaudación anual por IVA da de sobra para financiar el sistema sanitario público. Lo que ocurre es que vivimos en el país de la subvención donde absolutamente todo debe estar pagado por el Estado. No solo nos referimos a las subvenciones que reciben sindicatos, partidos políticos, asociaciones o las famosas ayudas al cine. Hay un sinfín de ayudas públicas destinadas a labores tan útiles para la sociedad como la Elaboración de snacks de nueva generación con compuestos bioactivos de algas y garrofín,  la Mejora de la calidad y resistencia del calabacín o el Bienestar y salud de las conejas reproductoras, (si quieren ver todas las absurdas subvenciones que existen en España les recomiendo la lectura de este artículo de mi compañero @jmdelalamo -click aquí-)

Esta es la España en que vivimos, esta es la forma elegante en que el Estado nos roba. Y aún hay algunos que quieren más y más. La rapiña fiscal no tiene límites y, tras el despilfarro vivido en las últimas décadas en este país, en lugar de una revolución liberal, estamos inmersos en una absoluta revuelta socialista. Aplaudan, focas.



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