La desesperación de la izquierda

No hay manera. Lo intentan día a día de mil formas distintas. Mociones de censura fallidas, juicios políticos, horas y horas de televisión sesgada, ejércitos enteros de activistas internautas, pero no pueden. El PP sigue liderando las encuestas, sigue ganando elecciones y aumenta cada vez más distancia con sus rivales acercándose peligrosamente de nuevo a la mayoría absoluta. ¿Por qué? ¿No es suficiente Bárcenas, Gürtel, Púnica o incluso ver a Rajoy declarando en la Audiencia Nacional? No, no es suficiente. No es suficiente para que la gente cambie el sentido de su voto y que, ante un panorama en el que somos ya la economía avanzada que más crece del mundo, el paro ha bajado diez puntos en cuatro años, cada mes marcamos récord histórico de desempleo, la exportaciones aumentan, la venta de coches también, voten a una panda de comunistas que han bebido toda su ideología de los regímenes más sanguinarios y dictatoriales del mundo. La gente no es estúpida, ya no cuela y se los conoce bien. El PP se aprovecha de que son lo menos malo que hay en estos momentos y la izquierda, ella solita, va a conseguir hacer a Rajoy presidente vitalicio. Y, qué ironías de la vida, que le veían dimitido en enero de 2013 cuando se publicaron los papeles de Bárcenas.

Cada mes, con la publicación de los datos del paro, se produce la misma cantinela, pero ya nadie les cree por una sencilla razón. Porque la gente ya está percibiendo la recuperación, ven como sus familiares, amigos y conocidos comienzan a encontrar trabajo, ven las playas llenas hasta arriba, las terrazas a reventar, los bares y discotecas a rebosar, las tiendas plagadas de gente, las calles abarrotadas de personas con bolsas llenas de ropa de grandes almacenes. No, España no se ha enriquecido de repente y ahora todos somos multmillonarios, simplemente está volviendo poco a poco la normalidad de un país que ha atravesado la peor crisis económica desde la postguerra. Aunque algunos sigan queriendo dibujar un panorama desolador que solo existe en sus intereses electorales




Las alternativas son un partido basado en la destrucción económica y social de un país al borde de la guerra civil como Venezuela y admiradores de la dictadura cubana, un PSOE que ha perdido el rumbo con un secretario general absolutamente escorado a la extrema izquierda empeñado en pactar con los antes citados y un centro supuestamente liberal que el PP se ha encargado de anular apelando al voto útil gracias a los bandazos de Albert Rivera – leer “Coherencia naranja- pactando con todo lo que se le ponía por delante y con un doble rasero pocas veces antes visto en política, con una absoluta complacencia hacia los socialistas.

Pero al final, lo que a la gente le importa es tener empleo, es vivir en paz y tranquilo, no las trifulcas entre políticos o los ataques organizados manipulando a la opinión mediática a base de pseudoperiodistas al servicio de la revolución. Al final, lo que la gente quiere es no tener preocupaciones ni experimentos ahora que su vida comienza a ser normal. No quieren convertir España es un régimen socialista, eso solo lo desean aquellos que no tienen nada que perder, ni ganar, aquellos cuya vida consiste en hacer la continua revolución desde el sofá, que no tienen intención de levantarse a buscar empleo porque han escuchado a Ferreras o a Wyoming decir que España es Burundi. Aquellos que esperan la llamada de la NASA o de Google para ofrecerles un trabajo remunerado con 7.000 euros al mes. Y para esa revolución hay que llevar acabo unas cuantas tácticas, son muy variadas pero todas basadas en un mismo patrón: LA MENTIRA. – leer “las grandes mentiras de Podemos en 2016”-.

La estrategia Goebbelsiana de repetir una falacia una y otra vez hasta convertirla en verdad funcionó al comienzo de la crisis, pero tocó techo. España ya no nada en la desesperación como en aquellos terribles primeros años de la crisis y ha podido ver con sus propios ojos la enfermiza ambición de algunos políticos por llegar al poder a toda costa – Leer “Cuando triunfa la mediocridad”-. Esa es la razón por la que concluyen que los que comparan España con Botsuana no pueden estar diciendo la verdad si su obsesión es sentarse en el trono.




Al principio el PP y el PSOE eran la encarnación del mal. Partidos plagados de corrupción. Y no se equivocaban. La casta lo llamaban. Pero, poco a poco, la marea morada se fue desinflando y vieron que esa deseada mayoría absoluta que ansiaba Pablo Iglesias solo era un infantil sueño en su mente y una pesadilla  en la de muchos ciudadanos. De modo que la única forma de tocar moqueta era dejar de estigmatizar a los socialistas. Qué cosas tiene la vida, el PSOE, un partido que ha robado a manos llenas, que ha practicado el terrorismo de estado con dinero público –leer “El PSOE y el partido de la corrupción”-, que dirige un régimen clientelar de una envergadura épica en Andalucía -leer “Andalucía para dummies-, dejó de ser corrupto para volcar toda esa maldad en un enemigo único: el Partido Popular. Así es como se gestó la maquinaria para intentar sacar del poder a la derecha, pero lo hicieron tan mal, fueron tan sumamente torpes, que no contaban con que los españoles no son idiotas.

Con la manipulación de masas que se dio tras los atentados del 11M y que tan buen resultado dio a los socialistas, los españoles obviaron todo lo logrado durante 8 años para centrarse en las supuestas mentiras del Gobierno durante tres días, lo que llevó a la sociedad española a elegir a un completo inepto para ponerlo al frente del país. Y no solo eso sino que fue revalidado una segunda vez gracias a la negación de una crisis económica que ya destruía 3.000 empleos diarios con la complicidad y el silencio de esos sindicatos que ahora salen fervorosamente a la calle a clamar contra la precariedad cuando se crean 2.000 empleos al día. Esas mentiras no pasaron la misma factura que las del PP porque ZP tenía a muchos Ferreras de su parte para ocultar toda la mugre que estaba a punto de estallar: la absoluta ruina de España, un déficit monstruoso, una deuda pública disparada, en definitiva, una depresión económica que ZP conocía perfectamente, que Solbes advirtió y que el muy cobarde no fue capaz de atajar a tiempo con tal de revalidar su cargo y no enfrentarse a los retos económicos para paliar las consecuencias. La solución: adelantar las elecciones y dejarle el marrón de nuevo a la derecha, tal y como haría Felipe González, para después vapulearlos desde la oposición y volver al poder con las arcas llenas. Pero esta vez no contaban con la aparición de Pablo. Qué ilusos y qué mal les salió todo. De modo que la solución ha sido recrear el famoso Frente Popular que ni aún así es capaz de llegar al poder, al contrario, no dejan de perder votantes.

Pero lo cierto es que gracias a una oposición absolutamente destrozada, ávida de poder y con una ambición desmedida, Rajoy seguirá en el poder durante muchos años más. La recuperación económica juega en contra de los socialistas y Unidos Podemos y ya solo les queda la corrupción, algo de lo que el PSOE no tiene derecho a pronunciar una sola palabra. Y tampoco Unidos Podemos, que cuenta con una larga lista de imputados y condenados por casos como agresiones o pederastia.



 

¿Recordáis cuándo se desahuciaba a la gente de sus casas diariamente y teníamos cada día una cámara en la puerta de un hogar siendo desalojado? Suena tan lejano que parece que los desahucios acabaron con la llegada de los gobiernos del cambio. Pero no. Quizás fue el momento en que la sociedad dio el giro y abrió los ojos ante la manipulación mediática de los medios de la progresía. El ver cómo en el momento en que Carmena o Colau consiguieron el bastón de mando, esas terribles noticias fueron eliminadas de cuajo de la parrilla de sus programas de cabecera. Al día siguiente de la llegada del cambio a las grandes ciudades ya no existían desahucios porque eran vergonzosamente silenciados por sus acólitos televisivos. También se acabó la pobreza extrema que inundaba las calles de Valencia, Madrid o Barcelona, con niños desnutridos deambulando por las calles en busca de un mendrugo de pan. Como ya habían acabado con las emergencias sociales, se dedicaron a lo que de verdad importa: a  eliminar las calles franquistas, repartir ceniceros de bolsillos, fundar una radio propagandística, quitar bustos del rey, vestir de mamarrachos a los reyes magos, enchufar a toda la familia o cortar calles por una contaminación que asombrosamente acabó cuando comenzó el calor y se apagaron las calderas de calefacción. –leer “el cambio era esto”-. 

Y la gente lo ve, ve que su vida no ha mejorado, que las calles siguen sucias, que han elegido a unos representantes que hacen de su vida política un continuo escaparate dedicándose a la repartir agitprop financiada con su dinero. Ese fue el principio del fin de Podemos, poder ver su gestión municipal como ensayo light de lo que sería un gobierno central. Y además con la complicidad y el apoyo de los socialistas, lo que sirvió para meterles en el mismo saco y que fueran descartados como posible alternativa de gobierno.

No habrá ninguna moción de censura que destrone a Rajoy, y la gente ya está perfectamente al tanto de que la corrupción pasmosa de la era Aznar o de la Comunidad de Madrid –leer “las cloacas del PP de Madrid”- nada tiene que ver con el presidente, por tanto, Sánchez e Iglesias, Iglesias y Sánchez pueden seguir alimentando el show, que lo único que conseguirán son unos cuantos titulares y muchas horas de televisión. Pues al fin y al cabo, son unos eternos perdedores.



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